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“Dejemos de una vez de buscar el sentido de la vida. El sentido de la vida somos nosotros.”

David Criado se denomina así mismo como facilitador del cambio y es el creador de la empresa Vorpalina empresa que facilita el cambio a directivos, equipos de trabajo y organizaciones.
Lo conocí a través de su charla en TED, donde hablaba muy, muy despacio y dónde lo primero que hizo fue sentarse al borde del escenario y preguntar con toda sinceridad: ¿cómo estáis?
Nos reunimos en la cafetería del Reina Sofia y la pregunta era obvia:

¿Cómo estás ahora David?

Hoy estoy muy bien. (sonríe)
Estoy en un momento de mucha plenitud y conectado con lo que hago.

¿Y en Vorpalina?

Pues cuando todo el mundo habla de nuevas tecnologías y de la revolución digital, yo sigo ahí hablando de viejas tecnologías y transformación personal. Es un buen momento, después de todo lo vivido, haciendo cosas que ahora me parecen ridículas pero que me han ayudado a crecer.
Y sobre todo me llena ver que el reto con el que nació Vorpalina sigue siendo un reto diario: transformar la cultura de las organizaciones a través de las personas que ya forman parte de ellas. Me vincula mucho con todos los que dejé atrás en lo profesional.

Un amigo de la Meca dice que en España hablamos de temas muy superficiales ¿tú crees que sabemos comunicarnos?

Pues yo creo que no, pero no lo relacionaría con un problema que tenga que ver con una nación, sino que en general, actualmente, hemos perdido mucha conexión con la presencialidad, el contacto directo.
La atención la tenemos dirigidas a los dispositivos que llevamos en el bolsillo y no a los tres más importantes: la mente, el corazón y nuestro propio cuerpo.
Para hablar hay que tener destrezas básicas que no nos enseña el sistema educativo, ni la universidad, ni una escuela de negocios. Creo que no sabemos hablar y el argumento fundamental que me lo certifica es la incapacidad de escuchar. Que alguien te hable y tú estés pensando en tu propio discurso es el problema básico.

Las tertulias, los debates, se basan en no escuchar al otro, ¿no?

Fíjate, el debate parlamentario no se llama diálogo parlamentario, así que nuestro sistema democrático, donde todas las opiniones tienen cabida pero que va regido por leyes acordadas por todos; se basa en un debate en el que nadie te escucha.
Se escenifica una batalla, lo cual sirve para evitar guerras reales: se quedan en guerras habladas. Pero sales del hemiciclo y has de saber dialogar, has de incorporar ideas ajenas para hacer ideas nuevas, y hemos olvidado como hacerlo.

Cuando alguien habla y el resto mira el móvil, especialmente un político, da mucha rabia.

En cualquier cámara democrática en España, el que habla se dirige a los suyos o a una cámara, hay pocos que miren a los ojos de aquél al que se dirigen.

No sabemos hablar en momentos de tensión.

Hay que distinguir dos cosas: estando enervado pierdes el sentido de la comunicación: ahí es lícito que tu comunicación no sea la mejor, pero en el resto de momentos no puede ser así, la gente tiene que saber hablar.
Con una pareja puedes perder los papeles aunque no sea bueno, pero con un cliente o en una conversación de trabajo es muy frecuente no escuchar. En el mundo de la consultoría industrial, que es del que vengo, esto era así: en lugar de escuchar se vende.
Ahora ofrezco una consulta artesana, hago propuestas con ellos, no a ellos. Lo creamos juntos, es necesario saber dialogar.

En la charla TED hablabas muy despacio: ¿siempre hablas así?

Bueno, no sé, ¿lo estoy haciendo ahora? (risas)

Bueno, ahora vas un poco más deprisa…

Cuando estoy en mis sesiones con equipos, como especialista en perfiles reactivos -gente encabronada, en plena exposición de su conflicto-, al principio de las sesiones puede pasar que me insulten o me falten al respeto. Ahí es decisivo el tono y el volumen: hablar bajo y lento es innovación en estos casos.
En youtube me comentaron la charla y me encanta lo que dicen los haters sobre mí. Haga lo que haga van a criticarme y lo entiendo, ya que se basa en la incapacidad que tienen de emprender ciertas cosas en su vida lo que les va frustrando.
Verás en esos comentarios que mucha gente dice que se duerme escuchándome, que soy un conferenciante horrible, que no me dedique a eso…
Pero esos comentarios tienen que ver con que en esta sociedad estamos muy acostumbrados a exagerar para lograr un impacto inmediato.
Recuerda a Steve Ballmer de Microsoft, dio una charla famosa donde daba saltos y gritaba para motivar a sus empleados. La vida es más calmada y natural, no creo en esos impactos. Creo en un impacto a medio y largo plazo. Por eso al comunicar intento no ir muy de guay.

¿Por qué está mal visto admitir lo que hacemos bien, decirlo?

Me ocurre con la lectura: el nivel de ignorancia general ha aumentado pese el acceso libre a la información. Eso me parece terrorífico, estamos “infoxicados”.
La gente quiere consumir lo que otros ya han procesado, en eso se basan los libros de autoayuda y desarrollo personal.
Yo he leído mucho y me sabe mal decirlo, puede sonar pretencioso. Pero es que la gente no lee. Tenemos datos de la Unesco y del Ministerio de cultura en los que se dice que nuestros índices de lectura son muy bajos, y la capacidad de criterio de una persona, con esos índices, se reduce muchísimo; porque los anclajes que tiene son muy malos.
Y si me preguntas por qué lamento decir que yo he leído mucho, es porque mucha gente que no lo hace y se puede sentir ofendida. Como yo quiero conectar, no puedo ofenderles.
Mi estrategia no es pasar por arriba, sino por abajo. Me ha servido mucho más en la vida hacerme el tonto que el listo, y he logrado que personas, por sentirse más listas, desarrollen mejor su potencial.
Hay un artículo de Amalio Rey sobre el tema, que habla sobre las personas pretenciosas: la gente que solo dice muchas cosas buenas a sí mismos, en sus webs, por ejemplo. Pero influenciado por el estoicismo como estoy, presumir de algo es carecer de eso mismo, habitualmente. Por eso intento no presumir.
En España señalamos al que triunfa, es inherente a nuestro carácter. Y como yo me muevo en España, tengo que disculparme por dominar una disciplina o ser experto en algo.

Me explicas la crisis que viviste, que se dispararía por algún motivo y que gracias a ella contestaste a la pregunta de ¿qué quieres hacer en la vida?

Un compañero mío dice que hay dos formatos de personas, el conquistador y el peregrino: El conquistador, al que no le hace falta un objetivo, como Cristobal Colón. Yo soy como estos, que construimos nuestro camino paso a paso.
Y los peregrinos, que necesitan saber que al final está Santiago de Compostela y en medio harán lo que tengan que hacer, pero si no hay un objetivo no se mueven.
Todo lo que he hecho ha ido encaminado a saber lo que no quería hacer.
Un buen día, trabajando, me di cuenta de que me iba a convertir en un tipo de persona que no quería ser, en las personas que tenía a mi lado trabajando.
Yo quería poner en juego mis habilidades, quería que las personas aprendieran a dar lo mejor de sí y a relacionarse; pero no me atrevía a ponerlo en práctica. Tenía miedo.
Dimití un viernes, el sábado me compré un billete a Finlandia para empezar una formación en acompañamiento de equipos Team Academy, viajando por todo el mundo con varios compañeros. Pero dos meses después de dimitir ya estaba emprendiendo mi nuevo negocio.
Si quieres esperar a tener una idea muy clara y perfecta de lo que quieres ser, no te mueves nunca. Tienes que lanzarte arriesgando. Ver a la gente con la que trabajaba fue mi revulsivo.
Al ser autónomo me fui a una casa en la sierra, una casa de mi familia que me recordaba mucho a mi abuela, una persona a la que admiro mucho. Sentí muchas cosas, recordé mi infancia.
Y un día corriendo tuve una epifanía personal: Empezó a llover y tenía que elegir entre dos caminos: uno corto y directo a casa, y otro largo que subía y me llevaba al pueblo de al lado, que tenía unas vistas preciosas. Elegí correr bajo el diluvio por el camino más complicado. Paró de llover en seco y salió el arco iris y ahí rompí a llorar, por muchas cosas: por toda las cosas y personas a las que había dejado atrás, incluso gente a la que necesité hacer daño.

¿Necesitaste hacer daño a alguien?

Sí, todos en algún momento de nuestra vida lo necesitamos. No sabemos cómo, pero a veces lo hacemos. Pero a veces hay conflictos que necesitas resolver.
Desde ese momento inicié un camino de desarrollo personal de un año y medio más o menos. Cada día me sentaba a hacer introspección unas cuantas horas, y resultado de eso me salió una lista de unas 250 personas con las que quería hablar y que eran importantes en mi vida.
Había gente que no veía desde hacía años. Es como la serie de Me llamo Earl: llevo 144, y lo hago sin un planning. Cuando me siento cómodo me pongo en contacto.
La mayoría eran amigos, compañeros de trabajo. Se me ha dado mal expresar mis sentimientos durante mucho tiempo, aunque conectara bien con la gente, pero ya no es así desde hará unos 7 años.

¿Y si alguien no quiere hablar?

No hablas, hay que respetarlo. Te reúnes formalmente y les explicas lo que les quieres decir, y ha de ser recíproco. Si quieres hablar con alguien pero ésta persona no quiere, está en su pleno derecho.

¿Te sentabas a hacer introspección sin saber a dónde te llevaba?

Bueno, entonces ya había leído mucho sobre el tema pero no lo había aplicado a mi forma de ser y mi carácter. Nunca lo había hecho para modificar mi vida. En esa casa, aislado, hice mis sesiones, tomando mis apuntes.

Algo muy teórico, ¿no?

Muy teórico y muy práctico por cuanto consistía en recordar cosas del pasado sin resolver.

¿Cuál sería una práctica buena, que recomiendes para la introspección?

La línea de vida: es una dinámica muy sencilla. Pones tus hitos, aprendizajes y valores puestos en juego en una línea temporal. Y yo añado siempre las cosas que dejas sin resolver.

La culpa impide avanzar.

¿Cómo podemos contestar a la pregunta de “qué queremos hacer en la vida”?

Creo que humildemente que cada respuesta es personal, y que no hay un proceso único para conseguirlo. Yo cuento mi proceso y si a alguien le sirve, lo puede copiar. Yo analicé quién era, luego dije qué quería hacer y luego lo que podía hacer.
Siempre hay un axial cuando trabajo con gente que es el “quiero, el puedo y el debo”. Es una buena forma de encontrar qué es lo que debes hacer en la vida. Si estás más en el quiero, en el puedo, en el debo… lo mejor es estar en un término medio.
Si estás mucho en “el debo”, eres un soso, eres aburrido para los demás y para ti mismo. Si estás mucho en “el puedo”, no te estás retando, no hay objetivos retadores. Si estás solo en “el quiero”, estás siendo egoista. Siempre hay que tener alguna parte en el debo porque vivimos interrelacionados.

Nombraste a Anthony De Mello, recomiéndame un libro suyo.

Es una de las personas que más me ha influido, cualquiera de sus libros es recomendable. Es un gran contador de cuentos, excomulgado por la iglesia católica (era sacerdote jesuita). Se le acusó de sincretismo, de estar a todas las religiones menos a la suya.
El canto del pájaro o La oración de la rana o cualquiera de sus obras son fundamentales. Y lo son porque son breves relatos que pueden cambiarte la perspectiva de las cosas. Es un gran sabio que sumó lo mejor de muchas civilizaciones diferentes.

¿Cuál es el sentido de la vida?

El sentido de la vida eres tú, y soy yo. La gente lo busca y somos nosotros todo el tiempo. Las personas y seres vivos.
Estando en la ciudad de Lo Manthang, en el reino perdido de Mustang en Nepal, conviví con unos monjes y el abad me invitó a celebrar con ellos una ceremonia en la que se entiende muy bien el sentido de la vida: dibujan un mandala con arena de colores durante meses, lo vuelcan en un cuenco y con un burro lo llevan al río y lo echan, para que llegue al océano. Y mientras rezan por todos los seres vivos del planeta.
El sentido de la vida no es nada que encuentres o conquistes, simplemente tienes que dejar que salga de ti siendo tú mismo, sin referentes ni gurús. No hay una sola forma de hacer las cosas, y el sentido de la vida es experimentar, como en el método científico. Y equivocarse es la única manera de encontrar el sentido de la vida.
En Mongolia, viviendo con nómadas, me di cuenta de que no hace falta la propiedad, ellos entienden el sentido de la vida: el amor a un hijo, etc. Tanto allí como en el desierto de Gobi, al ver que los nómadas con los que vivía me daban lo mejor que tenían, mejor que lo que tomaban para sí; sentí el amor de mi madre.
Estas son las cosas que nos hacen crecer, la pregunta sobre el sentido de la vida está vacía y se ha teorizado demasiado, ahora hay que pasar a la acción. Hay que dejar de escribir libros y teorías y empezar a llevarlos a término.

Dime una persona o historia extraordinaria que te hayas encontrado en tu dedicación, algo que te haya marcado.

Todos los días vivo alguna historia que me hace pensar en lo extraordinario de la condición humana. Aunque seamos capaces de cosas como las guerras mundiales o de odiar de forma sistémica, a pesar de ello; cada día hay una historia de gente que se supera.
Las grandes historias de superación no tienen que ver con las montañas: he estado en el Himalaya y vuelvo el año que viene, y te digo que las historias de superación no es subirla, es vivir allí cada día y sacar adelante a tu familia.
Una de las mayoras historias de superación que conozco es la de mi padre: Tuvo que ser abandonado en un internado con su hermano para poder salir adelante. Pasó una etapa solo, viendo poco a su madre, que no podía mantenerlos. Salió adelante sin estudios, y fue capaz de montar una academia y fue profesor de informática sin haber podido estudiar.
Tengo historias muy poderosas. Mi madre tampoco podía tener lo que quería y salió adelante siendo huérfana. Mi abuelo Miguel fue torero y no dudó en dedicarse a una profesión de riesgo, con independencia de mi opinión sobre la tauromaquia ya que estoy en contra de todo maltrato animal; para mantener a su familia. Es digno de admiración.
Tengo miles de historias, de directivos que llegan lejos porque alguien confió en ellos, sin tener formación. Tengo equipos que se odiaban y que después de trabajar con ellos han conseguido salir de cañas, se ríen de aquella época… es jodido pero es posible.
Ahora estoy acompañando a una persona que tiene miedo a irse de su casa, está apegado a ella, y que apenas en una sesión ha conectado con algo que le ha hecho querer dar el paso necesario.

La gente se limpia, se desintoxica, sale adelante.

La materia invisible de la que te he oído hablar, aunque me hago una idea de qué es, no me ha quedado claro.

En la conferencia en la que la mencionamos había un astrónomo, y me gusta esa materia, me encanta porque ayuda a ver lo pequeños que somos. Más que la filosofía.
Decía que más del 97% de la materia del universo es invisible, no es distinguible. Así que todo esto de buscar el sentido de la vida, dar conferencias, tener seguidores, fundar religiones… en el fondo-fondo tampoco tiene sentido y no pasa nada, el universo sigue.
No es que sea nihilista, pero esta cultura de hacer está más basada en escuchar y acercarse a personas que te interesen. Lo hagas como lo hagas, hazlo, es valiente, no te estarás equivocando. En el futuro hablarás de esto y lo contarás sonriendo.
He acompañado a equipos que se dedican a apretar tornillos, y son felices. Me da rabia que me digan que con un trabajo manual no es posible realizarse: es mentira. Cada uno se realiza como quiere y esa labor es necesaria.
Así que la materia invisible en las personas son las emociones. Eso es lo que hace de mi trabajo diferente, que trabajo con las emociones y en mejorar las habilidades relacionales. Sin eso cualquier política de recursos humanos es absurda. Si no saben hablarse y escucharse, ¿como van a realizarse?

Me da la sensación de que tenemos la teoría pero no la práctica, dicen grandes empresarios que lo más importante de las empresas son las personas, pero luego vas a esas empresas y es un patio del colegio: celos, machaques… las cosas no se cambian. Y con la familia igual.

Es la eterna actitud del doble discurso. Es una actitud que por un lado nos ha garantizado salud y educación públicas, que tengamos higiene, que erradiquemos enfermedades… y por otro lado está la parte de los sentimientos que nunca queda resuelta.
Construir un edificio bonito hace que luego seas recordado, pero en la construcción, los que han trabajado directamente en él, seguramente han sufrido.
El cerebro humano prefiere quedarse en la superficie y no buscar una solución más allá, para sobrevivir. Daniel Kahneman dice que estamos el 80% del tiempo en pensamiento automático, y en las organizaciones pasa lo mismo.
Los conflictos en las organizaciones son necesarios, porque es así como la naturaleza marca su movimiento. Así que en lugar de estancarnos en el doble discurso, estudiémoslo.

Recomiéndame un lugar para tomar un vino, uno que tenga el espíritu de Vorpalina.

Uno de los sitios más cutres que he conocido y que es como un club social para mí y muchos amigos míos, siempre hay alguien allí, barra de metal… Se llama Sidi, que es la palabra árabe para jefe. Está en Malasaña, y me hace sentir como en casa. Me recuerda a cuando salía con mis amigos y hablábamos de los problemas auténticos de la vida, que no son si un territorio se quiere independizar… sino enamorarse de una chica, tener una relación, tener un hijo…
Todo eso lo he compartido con mis amigos en este bar, donde voy cuando puedo.