Loading...

Una cintura minúscula.
El tacto de su espalda firme en mi mano derecha; su olor dulce que se mezcla al olor del sudor que levanta su movimiento.
Seguir con este movimiento es imposible.
Me mira firmemente a la cara y sonríe ampliamente.

¡Un, dos, tres!, ¡cinco, seis, siete!… ¡Otra vez!
¡Un, dos, tres¡, ¡cinco, seis, siete!… ¡Otra vez!

Estoy en el salón de casa de Sachi, en la ciudad de Trinidad, aprendiendo salsa. Intento concentrarme pero o me pierdo por los pasos, o por lo que se me baila entre las manos: Sachi es pura potencia sensual.

Afuera las calles son de tierra y su casa es más que humilde. La comparte con dos chicas más. Las habitaciones no tienen puertas y casi no hay muebles. El baño es solo la taza de un retrete, sin tapa y sin cisterna; una bombilla cuelga del techo y la puerta se sostiene con un palo y un alambre. La casa son solo cuatro paredes y aún así ellas siempre van vestidas de una forma impoluta, ni una mancha, ni una arruga y yo me pregunto: ¿cómo se las apañan?.

Estoy muy a gusto en esa casa pero no puedo evitar mirar su hogar de una forma crítica. ¿Cómo esta revolución fuerza a la gente a vivir en la miseria mientras los que gobiernan “los más revolucionarios” viven como el mayor de los Césares?

Solo tienes que preguntar a la gente. Te hablaran de injusticias, de ministros con sus hijos estudiando en el extranjero, de amasar fortunas gracias a la industria hotelera, de cambiar leyes a su antojo o de los BMW, Mercedes o Mustangs que conducen.

Y también te dirán que está muy bien eso de tener educación y sanidad pero “¡¡No se vive solo de eso!!” como me grito un camarero indignado en un bar de cubanos. “Eso fue hace 40 años, ¿ahora qué más?, vivo con 12$ al mes”.

Llegamos diez años tarde. Cuba se ha convertido en un parque de atracciones barato pero con un bono de entrada muy caro.

Un viaje depende mucho de las expectativas y vivencias de cada uno pero mi experiencia y la de algunos otros viajeros con los que me he cruzado han coincidido en puntos fundamentales.

Si quieres ir a Cuba para estar en un complejo hotelero e ir un par de días a La Habana para subir fotos coloridas a tus redes sociales: Cuba es un buen sitio. Pero si quieres quedarte el tiempo suficiente como para profundizar más y viajar libremente por la isla, te darás cuenta de que estás perdiendo el tiempo y el dinero.

Los que creían, como yo, que visitar Cuba era un viaje en el tiempo, lleno de vegetación virgen, una Habana vieja, colorida, tranquila y llena de música en cualquier esquina, con bares llenos de hombres con sombrero disfrutando de un buen habano: se equivocan. Si los encontráis, lo más seguro es que os pidan dinero por hacerles una foto, oír su música o para entrar en esa zona verde que, al final, no es tan espectacular.

Puesto de frutas en la Habana.

El país se ha convertido en un parque de atracciones de baja calidad sin necesidad de los americanos. La mentira para sacarle dinero al turista esta instaurada y es insoportable.

Bloqueos internacionales aparte, culpa del aumento de esta presión y del incremento de las desigualdades, fue la decisión de la revolución al introducir el CUC (la moneda para turistas) que ha conseguido ampliar de forma exagerada las diferencias entre clases sociales, y hacer al pobre más pobre y al rico más rico, como en cualquier sistema capitalista.

Los que se dedican al turismo pueden conseguir, por una carrera de taxi, 15 CUCs que son 15$. Lo mismo el dueño de un hostel que cobra por una litera entre 7 y 15 CUCs o de un restaurante que te cobra 9 CUC’s por un plato de arroz.

Es uno de los muchos coches que circulan por el Malecón de la Habana. Totalmente restaurado y al servicio de los turistas.

Esto lleva a los cubanos a venderse, entre ellos y por un alto precio, cemento para su hostel, un recambio para su taxi o un kilo de arroz para su restaurante; ahora esos pocos tienen dinero. De esta forma y con unos precios altísimos que solo pueden pagar algunos, el resto de ciudadanos se ahoga más y más y ven que su sueldo de 15$ al mes de media (un médico cobra 32$) no sirve para nada.

Y si te paras a pensar en la gente que vive en el campo y en la desinformación sobre esta situación (porque un cubano casi no puede viajar por su propio país) entiendes por qué siguen creyendo en un sueño, dando su apoyo a la revolución y a un régimen comunista inexistente que hace tiempo desapareció.

En un pueblo perdido entre montañas entre Cienfuegos y Trinidad.

Al final da igual el sistema. Comunismo, capitalismo, república, monarquía… Unos pocos mandan y otros sufren.

Pero, ¿por qué cuento esto?

Porque toda esta situación genera una presión al turista y una atmósfera difícil de obviar. Lo que se suponía que iba a ser un mes conociendo todos los rincones de la isla y unas vacaciones extraordinarias, se convirtieron en una empresa demasiado cara y difícil de afrontar hasta el punto de decidir volar a Costa Rica para ahorrar dinero y energía.

Las clases de baile con Sachi y ver a mis amigos bailando o tocando la trompeta durante “momento Guantanamera” mientras fumaba un Montecristo en el restaurante 1514 fueron de las pocas cosas “auténticas” que pude vivir durante mis 18 días en Cuba. El resto del tiempo fue una lucha constante entre la mentira, la desinformación y el engaño al que, como turista, estás sometido.

Precios altos, comentarios de policías como “Estos yumas (guiris) están forrados”; cubanos convencidos de que como eres extranjero debes pagar más; irte de una playa porque te obligan a pagar por atar una bici a un árbol, o pagar por poner una moto en una sombra; no poder coger autobuses de cubanos; no poder dejar material de escuela en un colegio en medio de la montaña porque la revolución lo prohíbe; que te mientan en el puesto de información del aeropuerto para que cojas un taxi; conocer casos y vivirlos donde el cubano es tratado por su gobierno como un ciudadano de segunda o ver cómo meten a tres amigas cubanas en un coche patrulla sin más preguntas y llevarlas al calabozo hasta el día siguiente.

Desde luego que en Cuba hay gente extraordinaria y luchadora. Y estoy muy agradecido por esos oasis de personas que me he cruzado por el camino. Los que me han abierto las puertas de su casa. Me han ayudado sin pedir nada a cambio y los que me han ofrecido lo poco que tenían con toda una sonrisa.

Agradecido por ese grupo de señores mayores bailongos que conocí gracias a un maestro del güiro. O a personas que te paran en la calle con el único propósito de hablar y caminar.

Según mi opinión, Cuba, su revolución y los cubanos tienen un grave problema. Si siguen pensando que los turistas somos dinero andante van a acabar con su mayor fuente de ingresos, su gallina de los huevos de oro: el turismo.

Y si alguien sigue viendo la revolución con buenos ojos, que viaje a Cuba durante largo tiempo.

De todas maneras, si pronto vas a ir a la isla a visitarla, ahí van unos consejillos que te ayudarán a disfrutarla.

Consejos para un viaje a Cuba

Lo más económico que encontraréis:

Taxi colectivo en la Habana, jugos naturales y pizza en la calle. 0,5$

Alojamiento:

Por lo general, la gente suele alojarse en casas de particulares. Los precios rondan los 25$. Desayuno 5$ y comida 10$

Os recomiendo la casa de Emilio Trespando. Justo enfrente de la embajada americana en un noveno piso, con unas vistas preciosas de la ciudad y una casa muy bien decorada.

Calzada 51. Esquina de la calle 13 ((El Vedado)
Móvil: 053912764 Email: emiliotrespando@gmail.com

Y la opción hostel es la más divertida. Entre 7 y 15 Cuc litera. Encontrareis muchos con este simbolo (qué símbolo?).

Taxi:

No coged los taxis del estado (negros y amarillos) son más caros que en Europa.

En la Habana, la forma más barata y una de las mejores experiencias para desplazarse son los “almendrones”, coches antiguos y un poco destartalados con alguna señal o pegatina que ponga Taxi. Son taxis colectivos, se van parando según se van vaciando y recogiendo a gente. Te dejan a la altura de la calle que tu necesites siempre y cuando esté en su ruta.

Hay que fijarse en los locales: levantan la mano y le dicen al taxista adónde quieren ir y si estás dentro de su ruta te puedes subir al taxi.

Para coger uno de estos tienes que saber las rutas principales por las que pasan. Las que yo conozco son:

La avenida 23, la Linea, Malecón y Neptuno.
La carrera son 0,5 CUC’s o unos 0,5$. O 10 pesos cubanos.

Bus:

Para viajar a otras provincias o ciudades en bus Vía Azul.

Comer:

Cuba no es un país que destaque por la comida. Es escasa en variedad y muy sencilla.
Pero los jugos son muy buenos, el pollo es sabroso y hacen unos zumos de caña de azúcar exprimida que dan mucha energía.

Helados:

El famoso Coppelia en la calle 23.

Cafeteria:

El Dandy. Es el bar de un Sueco pero tiene el estilo de la Habana que buscaba. Justo al lado hay una escuela de tiro para pegar unos perdigonazos a unas latas.

Lugares de fiesta:

La fábrica de arte cubano.
Esto es un must not miss, una antigua nave industrial de tres plantas que abre de 20h a 3 de la mañana. Precios económicos y una oferta cultural brutal.

Cafe cantante

La zorra y el cuervo
Cafe Roma. Calle Obispo con Aguacate (ático), muy auténtico. El baño está en una casa particular y, para llegar, hay que cruzar por el salón.

Trinidad:

Un bonito pueblo colonial. Es turístico pero si vais conozco un par de personas con las que salir de fiesta. Hansel Rivero y Nailis Rodriguez (Sachi) (Son profesores de Salsa)

No os perdáis el Café Fortuna.

Y el restaurante 1514.

Café Fortuna.

Asociación caribeña de música (La Habana):

Para ver a los abuelitos cubanos bailar y gozar.

Curiosidades:

Guajira/o Guantanamera:
Guantanamera es una chica de guantanamo. Guajiro es alguien del campo, a los que se les llamaban war heroes

Yuma:
Extranjero.