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A Antonio Garrigues Walker se le conoce por ser político y un gran jurista español. Pero también es un gran humanista, un señor curioso y desde luego muy creativo, tanto en artes escénicas como en artes gráficas. Le gusta aprovechar el tiempo y no le gusta hablar de su pasado, eso es obvio. Nada más llegar lo dejó claro con una firme mirada tras sus gafas: “¿Vienes a preguntarme por mi pasado? ¿Es para tu blog? ¿Quién te lee?, “va, que tengo prisa”.

Así uno empieza nervioso, no encontraba ni la grabadora.

Usted es como una locomotora que nunca para: trabaja, estudia y crea ¿cómo lo hace?

Me gusta pintar, hago una obra de teatro todos los años y me intereso mucho por los acontecimientos nacionales. Yo tengo tiempo, pero todo el mundo que quisiera hacer lo mismo lo tiene; tiempo siempre hay.


Cuénteme una manía que tenga.

Tengo muchas, pero lucho contra ellas. Cuando las detecto las elimino así que, en realidad, no tengo.


¿Qué ha intentado inculcar a sus hijos?

La curiosidad intelectual. Estamos en un mundo que es una maravilla y está lleno de culturas que merecen ser conocidas. El cerebro es un músculo y hay que ejercitarlo. Tienen la misma curiosidad intelectual que yo y nos llevamos muy bien, viajamos juntos y nos gusta comentar lo que vemos.


¿Alguna cultura que le atraiga especialmente?

Me atrae muchísimo la cultura china y la japonesa, más que la india que, quizá, la conozco menos.


¿Alguna travesura que haya hecho y que recuerde con una sonrisa?

A los 83 muchas travesuras ya no puedo hacer, pero… déjame que lo piense. La verdad es que no he sido mucho de travesuras y ahora me arrepiento.


¿Cuál es el personaje que más le ha impactado conocer? Ha conocido a gente como David Rockefeller, Ford, la familia Kennedy…

Posiblemente David Rockefeller del que me ha gustado como asume, primero, la humildad que debe tener todo hombre importante. Y sobre todo su compromiso con la sociedad con la que convive. He tenido con él una relación de amistad especial. Tiene ese espíritu anglosajón que dice que hay que ocuparse, y bien, de sus cosas; y al mismo tiempo tiene que ocuparse de las ajenas, tiene que ayudar a la comunidad en la que vive.


Tiene una obra dedicada al silencio, “El silencio y la belleza”, pero ¿cuándo practica el silencio? Porque tiene una vida muy ajetreada.

Durante el día es difícil, pero el fin de semana hago bastantes horas de silencio. Además estoy aprendiendo a aislarme; a veces viendo una obra de teatro me aíslo totalmente de lo que está pasando y no pienso en otras cosas. Yo diría que es mi asignatura pendiente, saber retirarme y aprender del silencio.


Recomiéndeme un libro y una obra de teatro.

El libro desde luego sería el Ulises de James Joyce, un libro impenetrable a veces, pero que, cuando empiezas a dominarlo, te enriquece de una manera especial. Al mismo nivel estaría El Quijote, que es un libro que he leído muchas veces aunque es de lectura difícil, y me ha dado una cantidad de enseñanzas y satisfacciones maravillosas.
En cuanto a la obra de teatro, elegir una sola me cuesta mucho, pero sería una de Shakespeare y desde luego no sería Romeo y Julieta. Me gusta, pero me han gustado siempre más las comedias de Shakespeare, ya que con ellas demuestra su genialidad en el manejo del lenguaje. Él inventó un nuevo lenguaje. Te diría Much ado about nothing.


En lo personal y en lo profesional, ¿cuál ha sido su momento más duro y qué ha aprendido de ello?

En la personal, la muerte de mi madre cuando era muy joven y luego también la de mi padre, que me dejaron en una orfandad que aún sigo notando.
Y a nivel profesional… tuvimos una crisis interna en el despacho en la que se separaron varios buenos profesionales, y tuvimos que hacer una reconversión importante.
Y de todo lo negativo que te pasa, cada vez me queda más claro que tiene una parte brillante y buena. Y que de lo positivo hay que tener cuidado: cuando todo te va bien empieza a preocuparte seriamente.


Como presidente de honor de ACNUR habrá visto cosas terribles, pero cuénteme lo más bonito.

Sería imposible citar algo concreto pero, por ejemplo, la cantidad de gente desconocida (y que no quiere ser conocida) que ayuda en todos los sentidos a los refugiados, ya sea en alta mar, en tierra, en las oficinas… He encontrado a gente frente a la que dan ganas de descubrirse por su generosidad. Además no tienen ninguna intención de hacerla visible y gozan haciendo el bien de esa manera. Y eso para mí es lo más importante. En la gente que se dedica al tema de refugiados he encontrado personalidades y también personas normales y corrientes que son todo un espectáculo.


Termíneme esta frase: una persona nunca debería dejar de…

… interesarse por todo lo que pasa a su alrededor.


Le quería preguntar más sobre el teatro, ¿hay algún papel que le haya gustado especialmente?

¿Qué me haya gustado escribir? Porque nunca he actuado.


¿Nunca ha actuado? O sea, les hacía a sus amigos actuar en los estrenos (risas) ¿Y algún carácter que haya escrito usted que le haya gustado mucho?

Pues justamente en El silencio y la belleza, el personaje que desmitifica la belleza, que explica la parte oscura de la belleza.
La belleza genera un atractivo, un vértigo hacia ella que no tiene racionalidad. Fíjese en la belleza de la mujer: genera un atractivo tremendo y desproporcionado. Si pusiéramos este tipo de atractivo en otras cosas, sería realmente estupendo.
Ese personaje trata de descubrir que la belleza en todos sus aspectos genera un daño a la sociedad.


Hablemos de lo político: ¿los nacionalismos se curan viajando?

No, nunca se han curado y nunca se van a curar. El nacionalismo es una fuerza emocional que se mantiene alerta y viva permanentemente, lo estamos viendo en Escocia, Quebec, Cataluña… Cataluña jamás abandonará su deseo de mayor autogobierno y mayor soberanismo.


En cuanto a España: ¿Por qué cree que seguimos con el tema de Franco, los fachas y los rojos?

Cuando veo ese tipo de temas me aburro infinitamente. No entiendo como la gente puede estar interesada en mezclar pasado y futuro y, sobre todo, nuestro pasado y nuestro futuro. Me parece de una necedad intelectual gravísima. Y me aburre, me calienta. Y si pudiera prohibirlo lo prohibiría.


Respecto al tema internacional, ¿por qué cree usted que no hay una mejor relación entre Latinoamérica y España, que no parece que acabe de cuajar a pesar de todo lo que tenemos en común?

España nunca ha sido buena en política exterior. En parte se debe al hecho de que los españoles somos muy nuestros y nos interesa lo nuestro, incluso aunque pensemos que es lo peor. Y aún es más malo cuando creemos que lo nuestro es lo mejor. No tenemos interés por los demás, por lo otros.
No solo pasa en España, también pasa en los países latinos, que carecen de ese interés. Podríamos hacer mucho más y no solo allí, sino en Estados Unidos, donde hay una comunidad hispánica con poder económico y cultural que está creciendo. Podríamos hacer más en Europa y en África y en todas partes.
En España no se dan cuenta de que nuestra capacidad de acción en política exterior está limitada de una manera un poco necia.


Liberalismo: ¿Por qué nos cuesta tanto entenderlo y sobre todo practicarlo?

Bastaría con aceptar que el liberalismo exige una actitud liberal en todo y no en parte. Una persona que dice que es liberal porque defiende la economía de mercado… esto no es un liberal, es un neoliberal. Un liberal que defiende la economía de mercado es algo que me parece muy bien siempre que sea justa. Pero además tiene que ser liberal en lo cultural, en lo religioso, en lo político… en todo. Si es liberal, acepta, aunque no comparta, la opinión de los demás, que goza y valora esa opinión. Y me parece una manera de vivir muy agradable y enriquecedora.


Respecto a los tecnócratas, ¿por qué no hay gente más sabia en política? Da la sensación de que los políticos pelean más por su carrera que por solucionar problemas, y a los tecnócratas o no los quieren o no los dejan estar.

El estamento político siempre ha sido un problema, y lo siguen siendo. La vida política es compleja y obliga a unos comportamientos difícilmente justificables, y al mismo tiempo son como son. La verdad es que cuando se trata de valorarlos la gente se engaña, en España y en muchos países el estamento está muy mal valorado.
Pero reconocemos que lo que hay en la vida política es complicado. Intentar operar con grandeza, con el interés nacional por encima del partido y el personal, es complicado.
Así es, pero insisto: la vida política siempre está llena de pragmáticos, y si no lo eran antes, se acaban convirtiendo.


En su vida parece que ha tenido que persuadir a mucha gente: tras leer su libro, “Testigo clave de medio siglo de nuestra historia” en cuanto a visiones de futuro respecto a su bufete. ¿Cómo lo hace, cómo anima a la gente a subirse a su carro?

No sé, cada uno es como es, muchas veces me han dicho que soy un buen innovador y un mal gestor, cada uno tiene sus características. Hay una parte genética, una parte de ejemplo (como el de mi padre), quizá el hecho de que mi padre se casara con una mujer americana también te da una doble vertiente.


Dígame un lugar que para usted sea imprescindible, una cafetería donde esté a gusto.

He perdido muchos de los restaurantes donde estaba muy a gusto, uno era el Circo, otro el Bodegón y ahora todavía no sé en cuál estoy más a gusto, también han cerrado uno peruano que me gustaba. Ahora me quedaría con este de aquí abajo, Embassy; sí, sería éste el que elegiría.


Lo que empezó con un “va, que tengo prisa” terminó con una agradable charla sobre el mar y la pesca del atún, además de con sus palabras de aprobación hacia el proyecto.
A Antonio Garrigues Walker le gusta cumplir con la vida y ver a la gente joven con ganas de vivirla. Me regala un globo terráqueo acompañado de un apretón de manos y un golpe en el hombro.
Sin duda conocer D. Antonio es toda una experiencia que te llena de vitalidad, uno sale de su despacho queriendo llegar a los 83 con tanta fuerza.